Mis escritos·Pensamientos

Un trébol de cuatro hojas

4leafclover

Un pequeño trébol de cuatro hojas es lo que me he encontrado hoy en el jardín. Lo he guardado en uno de los libros que más aprecio para que se seque entre sus páginas. Ese pequeño trébol me ha traído recuerdos del pasado, cuando estudiaba primaria. He recordado aquellos jardines en los que mis amigas y yo pasábamos los recreos. Decíamos que eran mágicos porque siempre en uno de ellos nos encontrábamos un juguete y en otro siempre aparecían tréboles de cuatro hojas. ¡Cuánta imaginación teníamos! Solía ser yo la que llegaba con una nueva idea al colegio para llevarla a la práctica en el recreo. Así, jugábamos a ser los integrantes de un circo, a ser Diosas de la mitología clásica… mil y una historias que salían de mi cabecita llena de fantasías.

Miro atrás y añoro a veces aquellos días en los que la única preocupación que tenía era que no me pegasen la abusona de turno y sus compinches o que no se burlasen porque mis pantalones me quedasen ridículamente cortos o por no ir ‘a la moda’ como los demás. Aquellas épocas en que lo peor que podía pasarte era que te dejasen en evidencia ante toda la clase… días en los que me tenía que esconder bajo las mesas de la biblioteca para no ser usada como un saco de boxeo por las ‘chulitas de turno’.

Ahora un trébol de cuatro hojas me hace sonreír con esperanza como antaño. Sé que no va a solucionar mi vida, que no va a truncar mi vida en algo maravilloso por el hecho de haberlo encontrado pero me ha dado unos momentos de mi pasado, unos recuerdos ya enterrados. Recuerdos de cuando era capaz de inventar historias según escribía sin tener que detenerme a pensar en la siguiente línea.

¿Dónde se ha ido aquella inspiración casi divina, dónde se esconden mis Musas? ¿Por qué nos quitan esa alegría infinita, esa despreocupación a la par que se nos suman años? Nunca deberíamos perder parte de nuestra niñez, no deberíamos dejar de creer en ciertos cuentos de hadas, y siempre deberíamos seguir mirando al mundo con aquella confianza de la niñez, con aquella esperanza de que el mañana será mejor.

Pero dejamos que los duros golpes de la vida nos hagan olvidar nuestros sueños de la niñez, nuestras promesas infantiles de ‘yo nunca…’ y nos volvemos adultos y dejamos atrás todo aquello que dijimos que nunca abandonaríamos. ¿Fue Peter Pan el único que supo que era mejor permanecer siempre niño?

Yo no quiero volver atrás en el tiempo y congelarlo en aquellos años pero sí quisiera poder volver y tomar ciertas cosas de la Sonia de entonces para que la actual mirase al mundo con más esperanza… Echad un segundo la vista atrás y miraos, recordad cómo erais y no permitáis que esa pequeña parte que aún conserváis de aquel niño que fuisteis se esfume para siempre.

23 de septiembre de 2009

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