Samhain para niños

Este Sabbat nos habla de muerte con la promesa de la reencarnación pero, algunos niños son demasiado pequeños para asimilar el concepto de muerte por lo que he creado una pequeña mitología para que entiendan el espíritu de Samhain.

El Dios y la Diosa han crecido, ella espera un bebé del Dios pero él tiene que ir a visitar a unos familiares que tiene lejos, muy lejos en un lugar llamado “El Otro Mundo”. Tiene que ir a ver que todos están bien y luego, volverá con la Diosa que estará esperando, porque ella sabe que siempre que él se va, al final vuelve. La Diosa está triste porque va a estar sola y el Dios, al irse, se lleva su calor y nos deja con el invierno, que nos suele dejar también tristes porque no podemos salir a jugar tanto como en verano y no hay tanta luz. Cuando él regrese, el sol volverá a tener fuerza y volverán los días de calor.
Dicen que cuando el Dios se va de visita, permite a amigos y familia que se fueron hace mucho que regresen por este día a cenar con nosotros. Por eso, hacemos sus platos preferidos, nos acordamos de ellos contando historias y ponemos velas con cintas negras en puertas y ventanas para que nos encuentren. Cuando lleguen a cenar, no los podremos ver como los veíamos cuando siempre estaban con nosotros. Pero están allí, por lo que hay que ponerles sus cubiertos y una silla donde sentarse. Algunos dejamos un regalo para ellos en el atar, algo que sabíamos que les gustaba mucho (fresas, granadas… una piedra…). Lo que sobre de la comida y del ritual, lo podemos dejar en la puerta y el jardín u otro lugar para que otros lo coman. No hay que olvidar que hay gente que se fue y no tenía familia, los pobres pasan la noche solos, sin nadie que les dé algo de cenar o que les recuerde. Les dejamos manzanas en las calles o en el jardín para que vean que, aunque no tienen familia a la que visitar, hay gente que les tiene en cuenta.
Las hadas también salen este día de sus casas para visitarnos y abren las puertas de sus castillos para que los conozcamos. Algunas de ellas aprovechan este día para casarse con un chico que les gusta y que no es de su mundo, sino del nuestro.
Si los padres hacen una hoguera, pueden decirle a los niños que quemen allí lo que les dé miedo y aquello que quieran olvidar. Por ejemplo, si tienen miedo a la oscuridad, que lo escriban en un papel o lo representen con una cartulina negra y lo tiren al fuego. Decidle que el fuego quema ese miedo y el humo lo lleva a los Dioses para que sepan que quiere superarlo y, cuando les llegue, ellos le ayudarán a superarlo. Cuando se apague la hoguera, el niño puede esparcir las cenizas en la tierra, soplándolas al aire o como más le guste diciéndole que, aunque sus miedos para él no son buenos, ahora se han transformado en algo bueno para la tierra.
Puede hablarse con el niño sobre lo que ha pasado durante el año, reconocer los errores que cada uno cometió y decir que este nuevo año se tratará de no caer en ellos de nuevo. Es un modo de que el niño adquiera la responsabilidad de sus actos, viendo que papá y mamá también se equivocan. Pedir perdón al calor de la hoguera o sentados a la mesa sobre algo que se halla hecho le enseñará la humildad y el arrepentimiento.
Podemos dedicar el día a decorar la casa con el niño con globos naranjas y negros, calabazas, gatos negros, calaveras, escobas, manzanas… o hacer una limpieza a fondo de la casa y preparar el jardín para el duro invierno.
El niño puede hacer collares con nueces, vestirse de brujo, con el sombrero negro puntiagudo y una túnica negra. Incluso se le puede comprar una escoba (de las de carnavales para disfraz de bruja) para que tenga una nueva herramienta.
Podemos confeccionar un Cordón de Bruja. Preguntar al niño qué desea conseguir en el nuevo año, y, en consecuencia, entregarle retales (tiras) de tela de la longitud de su cuerpo y con los colores correspondientes. Se cogen tres retales del mismo color (o uno de diferente color si se escogen dos o tres) pero nunca usar más de tres retales por cordón. El niño puede trenzar los retales con o sin nuestra ayuda y pidiendo a los Dioses que le ayuden y bendigan el cordón. Que pegue al cordón símbolos de sus deseos (monedas, corazones…) o coserlos (o cosérselos nosotros). Durante el ritual, puede ponerse en el altar o alrededor del círculo y tras él, colgar el cordón en su dormitorio.
Si el niño tiene una edad adecuada para ello, se le puede iniciar en la adivinación regalándole su primer mazo de Tarot, un set de runas…
Para comer ese día se puede preparar una ensalada con unos rábanos y maíz y de segundo algo de ternera, ciervo, o cualquier carne de caza. Puede hacerse un pastel de calabaza de postre, o comer una manzana o una granada y algunas nueces. La mesa puede estar decorada con velas negras y naranjas, hojas otoñales, bellotas… todo lo que parezca acorde con el momento. El mantel y las servilletas y demás utensilios pueden ser negros, naranjas, blancos, dorados o plateados, aunque, no vamos a comprar ahora una cubertería nueva por ello. Con un mantel naranja o negro, sería suficiente. Puede acompañar a la mesa un incienso de menta.
Si el niño va a formar parte del ritual, permitir que sea él quien decore el altar, puede sorprendernos. Puede usar granadas, calabazas, calabacines, frutos de otoño, crisantemos, maíz, heno, nueces, manzanas, bellotas, fotos de difuntos… (a veces es bueno que ponga la foto de una mascota que murió y que le dedique el ritual, porque a las mascotas, los niños les toman mucho aprecio y se les hace duro el perderlas…). Las velas, una vez más, negras y naranjas.
Los niños suelen preguntar el motivo de todo. Puede que quieran saber por qué se ponen y se decoran las calabazas, actividad que recomiendo hacer de día, para usar la carne de la calabaza en la comida. Entonces se le puede contar un poco de historia.
Hace muchos años, vivieron unas personas a las que llamamos celtas. Cuando volvían de la guerra, traían como triunfo unas calaveras de sus enemigos y metían una vela dentro y las colgaban en la puerta para asustar a la gente mala que intentase hacerles daño (si conoce el concepto de espíritu puede emplearse). Pero, como ahora ya no se hacen esas cosas, se toman calabazas y las adornamos para que parezcan cabezas.
Del tema de los disfraces, se le puede explicar como que antiguamente, la gente se cambiaba de ropa con los amigos y se ponían máscaras para ir de casa en casa cantando y que esto se hacía para asegurarse de que la gente mala no molestaría a nadie, ni a los que visitaban ni a los que se disfrazaban.

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