Los juguetes

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En un estante, cubierto de polvo, aguarda un hermoso perro de madera, también hay un soldadito de plomo con el mosquete torcido, y un casco dorado y mi camión sin ruedas, un tractor pequeño y otros muchos… ¡cacharros olvidados!

Hace años no eran cacharros, ¡todo lo contrario! Eran juguetes nuevos y el niño sólo quería jugar con ellos. Invitaba a sus amigos, hacía cabañas, inventaba historias con ellos.

Los juguetes estaban felices con su amo y, mientras dormía, le hacían compañía y velaban sus sueños, vigilantes.

Cuando el niño se apartaba de ellos, siempre les decía:

– No os preocupéis, volveré enseguida. ¡Y quedaos quietos sin hacer ruido!

Pero el tiempo pasa y las cosas cambian.

Un día el niño dejó de prestarles atención.

El niño ha crecido y tiene nuevos amigos. De hecho, ha pasado tanto tiempo… que a penas recuerda el día de Navidad en que se los trajeron.

Pero los juguetes viejos siguen esperando al niño que jugaba con ellos y sonríen en silencio, recordando la felicidad de las horas que pasaron con él.

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