Mis escritos·Sentimientos

Gracias, Valencia… Ich vermisse dich, Österreich…

Hallstatt_300
No sé que es lo que ha desencadenado la mezcla de sentimientos que tengo ahora mismo en mi interior y el hecho de que tenga que contenerme las lágrimas a cada momento al pensar en esta entrada. Llevo muchas horas con ella en mente, de hecho, la he empezado cuando se han ido unos amigos a las 22:00 y, al final, me puse a hablar por el chat de Facebook y por MSN y después de nuevo en Facebook ¡y son las 2.17! Pero no podré dormir hasta que diga lo que llevo dentro… yo soy así, como sienta la necesidad de decir algo, o lo digo o reviento… aunque, me ha sucedido algo… Hoy me he arrepentido de decir lo que pienso y me ha entrado un pánico horrible. Pánico de perder a la persona a quien iban dirigidas mis palabras… y luego pánico de perder a otros amigos si supiesen todo lo que dije y si les diese por juzgar mi acto de excesiva sinceridad… pero, esto no viene a cuento ahora mismo… excepto para recordar eso: que o digo lo que pienso cuando lo tengo en la cabeza, o si no, no soy yo… Por eso termino pareciendo bipolar, mentirosa… porque puedo decir hoy una cosa y al día siguiente otra muy diferente. Una vez me dijeron que esto me pasa porque no pienso las cosas, y es cierto, no las pienso. Soy un ser 100% emocional, la racionalidad se la dejo a los que sean capaces de contener sus impulsos…
Decía pues que hoy quiero agradecer a Valencia, esta hermosa ciudad que a penas conozco y que me ha acogido junto con mis hijos desde el 24 de junio de 2010. En sólo dos meses siento que tengo todo lo que ningún otro sitio pudo darme: libertad, amistad y mar. En Vitoria tenía amigos, pero no era libre porque estaban mis padres y a ellos siempre les importaba el “qué dirán” por lo que tenía que reprimirme o soportar discusiones continuas (normalmente terminaba siendo lo segundo). En Austria obtuve esa libertad pero, el precio fue demasiado… empecé a marchitarme rápidamente al estar sola, sin amigos, sin poder llenar mi casa de gente, que es lo que me gusta: dar cenas, comidas, meriendas, desayunos, cafés, fiestas del corcho… ¡lo que sea! Y, además… estaba lejos de MI MAR
Pero tú, Valencia, me has dado todo. Duras lecciones, eso sí, pero han sido muy llevaderas porque me has otorgado amigos maravillosos que han cuidado de mí sin saberlo sólo con su presencia. Gracias por mis nuevos amigos, que es por los que más te tengo que agradecer. Porque su presencia en casa me alegran la existencia, porque tengo libertad, amigos y mar aquí, dentro de ti. Gracias por esta gente tan entrañable que me hace sentir a gusto conmigo misma y parte de algo importante.
Gracias por tu gente, que nadie me ha hecho un feo y hasta el cartero me para por la calle cuando me ve y eso que llevo mes y poco en este piso… Sé que tienes mucho más que darnos a mí y a mi familia y espero saber agradecértelo como te mereces. Pienso conocerte bien, a ti, a tu historia, a tu gente, tu cultura, tu gastronomía… Eres una gran ciudad y quiero que el mundo te conozca.
Gracias porque aquí vuelvo a sentirme útil. Entiendo médicos, profesores, a la gente de la calle, los papeles que llegan a casa, la gente que llama… y sé lidiar con los que se pasan de listos y no dejarme engatusar a la primera de cambio.
Gracias porque puedo vivir mi espiritualidad en grupo, como siempre quise experimentar y… ¡es genial! He conocido a gente maravillosa con la que estoy muy a gusto y tengo muchas cosas en común…
Pero, ¿sabes? Elogiándote esta noche, también he recordado a lo que yo llamo mi “nueva Patria“, Austria. Ese hermoso país que me acogió durante seis años y medio y al que a veces, como ahora, añoro.
¿Me escuchas? Estoy conteniendo las lágrimas ahora mismo recordando tus maravillosos lagos y bosques, tu aroma, tu esplendor… el edelweiss… jamás olvidaré la primera vez que vi uno en vivo en Hallstatt… ¿Qué? ¿Que por qué me fui? No… no es por amarte menos… eres el mejor país que alguien pudiera desear para vivir pero… no eres un país para vivirlo en soledad. Te amo del mismo modo que cuando te vi por primera vez o más. Pero tenía que irme, me estaba consumiendo. Y créeme que te echo de menos, hoy me apetece comerme un Lieberkäse Semmel, a Cristian a veces le apetecen Würstknödeln y no sé cómo decirle que aquí no las podremos encontrar… Pero, entiéndeme… me moría allí sola.
Sí, aquí sigo estando sola en casa, llevando la casa adelante, limpiando, recogiendo, lavando, organizando, cuidando de los niños… educándolos como buenamente puedo… sé que se puede hacer mejor pero… ¡estoy sola! No doy más de mí… no tengo descanso hasta que duermen (y hoy Mara se ha dormido hace media hora más o menos). Yo me ocupo de todo y a veces no puedo más y necesito romper algo para descargar todo lo que llevo dentro… o sólo llorar… como ahora mismo… pero sabes que no puedo permitírmelo…
¿Recuerdas cuando murió mi abuelo y estaba allí? No pude llorar… tenía miedo de llorar y no ser capaz de parar. Soy el único apoyo que mis hijos tienen en casa, su pilar central… no pueden verme caer o se derrumbarán conmigo. No pienses que te añoro menos por no demostrarlo con lágrimas… mis lágrimas están en mi corazón, mira dentro de él y llévatelas todas contigo plantando un edelweiss en mi interior.
Te quiero, Austria… te añoro muchísimo. Ahora tú eres el San Sebastián que siempre necesitaba ver mínimo una vez al año.

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