Mis escritos·Sentimientos

Recuerdos de la adolescencia

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Hoy me puse a recordar mis épocas de instituto, cuando era la predilecta del profesor de Lengua Castellana y Literatura Española pero el blanco de todas las bromas desagradables de mis compañeros de clase… menos de él. Era un chico reservado, al que pocos sabían apreciar. Inteligente y atractivo ante mis ojos. Ese al que te pasas todo el curso mirando, esperando a que un día se gire y te mire a los ojos y te sonría. Claro, que sólo yo le veía así. Para las demás pasaba totalmente desapercibido y es cuando me di cuenta de lo ciegas que están la mayoría de las adolescentes, buscando el físico perfecto. No era alto, más bien de mi estatura, ni era el atleta de clase y entre que era inteligente y llevaba gafas, parecía el hombre invisible de la clase… menos para mí…

Sólo cuando teníamos clase de Lengua desaparecía mi interés… y es que, aquel profesor eclipsaba todo mi mundo. Pero, el resto del tiempo, hasta en sueños, mi compañero de clase estaba a mi lado. Por cosas del destino, terminamos compartiendo pupitre. Yo me pasaba el fin de semana deseando que fuera lunes para sentarme a su lado y hablarnos entre susurros durante las clases, como dos confidentes. Creo que toda la clase supo que me gustaba, y hasta él notó algo y, lo que más me enamoró de él, fue que seguimos siendo amigos a pesar de conocer mis sentimientos… que, por desgracia, no compartía. Me tenía aprecio, sí… y no me quería hacer daño… y, hasta cierto punto, yo sabía que era lo mejor, porque todo terminaba estropeándose al acercarse a mí.

Pero no podía dejar de desear un sólo beso suyo para vivir con su recuerdo. Si mal no recuerdo, llegué a besarle una vez en la mejilla en una especie de descuido. Simplemente no se lo esperaba y su cara se quedará grabada en mi mente eternamente: era algo entre el susto, la sorpresa y… creo que diversión. Siento a día de hoy que le agradó mi gesto aunque no fuese consensuado ni esperado porque, una vez más, nada cambió entre nosotros. De hecho, yo sentía que cada día nos llevábamos mejor y nos conocíamos más. Porque, si alguien llegó a conocer mi alma en aquellos años de mi vida… ese fue él…

Nunca llegó a ser mi novio, de hecho, nunca llegamos a pasar del límite de ser amigos y no me arrepiento, porque así, aún hoy tengo a ese confidente, a ese amigo al que llamar cuando todo se va al traste para que su voz al otro lado del teléfono me calme y aún siento esas mariposas en el estómago cuando me mira, recordándome que aún no tuve ese beso… y es tan dulce el deseo de lo imposible… porque, como todos sabemos, la muerte de todos los sueños es cuando estos se realizan. Y, aunque sé que sus labios serán ambrosía de los propios Dioses, prefiero soñar con la miel que matar algo tan dulce… Pero sigo esperando el día que él decida acabar con el sueño y hacerlo realidad… aunque sea por unos instantes ya que yo, jamás le robaría algo tan especial como el primer beso entre ambos.

Gracias por existir, mi querido amigo y por estar ahí…

Nota: El chico, obviamente, Luis Piedrahita, pero ese aire despreocupado me recuerda a él…

13 de septiembre de 2010

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