Aurora

Hoy, en el libro de las Sueños de Princesas, le ha llegado el turno a La Bella Durmiente, cuyo cuento original podéis leer aquí, ahora copio el texto de nuestro libro rosa:
Todo el reino se había reunido para conocer a la hija del Rey y la Reina, la Princesa Aurora. Las hadas Flora, Fauna y Primavera llegaron para otorgarle sus dones. De pronto, la perversa hada Maléfica apareció.
Lanzó un malvado hechizo sobre Aurora: al atardecer del día que cumpliera dieciséis años, la Princesa se pincharía el dedo en una rueca y caería en un profundo sueño. Sólo despertaría con un beso de amor verdadero.
Las hadas buenas llevaron a la niña a una cabaña en lo más profundo del bosque y la llamaron Rosa. No le dijeron que en realidad era una Princesa.
Dieciséis años después, las hadas planeaban los regalos de cumpleaños de Rosa.
Para mantener todo en secreto, la enviaron al bosque a recoger moras. “¡No hables con extraños!“, le advirtieron cuando se alejaba.
En el bosque, Rosa comenzó a cantar a sus amigos los animales. Un hombre oyó su canción y se detuvo para hablarle.
Sentían como si se conocieran de antes y muy pronto, los dos se enamoraron. Hicieron planes para reunirse en la cabaña esa noche.
Rosa regresó corriendo a la cabaña y dijo a las hadas que estaba enamorada. Entonces ellas le dieron la noticia: en realidad era la Princesa Aurora y estaba prometida en matrimonio con el Príncipe Felipe.
Aurora estaba muy triste. ¡No quería casarse con un extraño! Fueron al castillo y las hadas concedieron a Aurora un tiempo a solas.
Maléfica atrajo a Aurora hasta una rueca, la Princesa se pinchó  un dedo y cayó al suelo.
Poco tiempo después, las hadas buenas descubrieron que el hombre del bosque era el Príncipe Felipe. ¡Sólo un beso suyo podía despertar a la Bella Durmiente!
La perversa Maléfica se convirtió en un dragón gigantesco, pero el Príncipe la derrotó.
El Príncipe Felipe corrió al castillo y subió hasta la torre. Allí, Aurora dormía tranquilamente. La besó. La Princesa despertó y sonrió a su verdadero amor.
Bajaron a saludar al Rey y a la Reina, que estaban llenos de alegría porque al fin podían reunirse con su hija. Y todos vivieron felices para siempre.

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