Dama Verde

Este grupo de hadas, además de ser uno de los más diversos por agrupar infinidad de especies, encarna los poderes de la Naturaleza. Se las puede encontrar en múltiples lugares pero, normalmente, se las agrupa en dos familias: las Damas Verdes de la Tierra (Señoras de los Bosques, de los Abismos, de las Selvas, de los Desiertos, de los Prados, etc.) y las Damas Verdes del Agua (Señoras del Mar, de las Fuentes, de los Lagos, de las Cascadas, etc.). Normalmente viven entre los bosques y prados del Este de Francia.

Son etéreas, casi invisibles y se camuflan con largas túnicas de color verde, evitando encontrarse con los humanos. Se asemejan a los humanos, con unos ojos almendrados de color verde,  una mirada fascinante y una voz penetrante, especialmente atractiva cuando entonan sus cánticos, en particular, las marinas. Son altas, rubias, aladas, hermosas y adornadas con joyas. Su belleza es un calvario para los mortales que caen presa en sus garras. Saben cómo enamorar a los hombres, haciéndolos sufrir.

Al ser su moral diferente a la de los mortales, no ven malicia al extraviar a viajeros en los bosques o burlarse de jóvenes, colgándolos de los árboles por los pelos. No suelen ser generosas con los mortales y suelen ayudar únicamente a cambio de un favor.
Las Damas Verdes de la Tierra visten ostentosamente, portando joyas, lucen peinados indescriptibles en sus cabellos y rara vez muestran sus pies. Las Damas Verdes del Agua, sin embargo, acostumbran a ir desnudas, luciendo sus pechos nacarados y algunas, mostrando su cola de pez. También tienen debilidad por las joyas y los peinados.

Las Damas Verdes son conocidas por su sedentarismo, ya que es la única especie de hadas con sus dominios bien delimitados, acostumbrando a habitar castillos, palacios (normalmente de hielo, cristal o coral), rodeados de jardines y llenos de todo tipo de maravillas, lugares de acceso casi imposible aunque, ya que ellas no suelen abandonar su territorio, lo común suele ser que los humanos terminen llegando a ellos de misterioso modo.

Dentro de las Damas Verdes de la Tierra se encuentran las de los prados, de menor estatura que las de los bosques pero, igual de hermosas. Viven camufladas entre la hierba con sus brillantes atuendos y su paso es ligero y grácil. Se las considera burlonas e incluso dañinas para el hombre en algunas ocasiones. Otras más generosas son las de los desiertos, que crean oasis reales para los caminantes desesperados de esas tierras áridas. Hay también Damas Verdes de los hielos, refugiadas en espejos creados por la escarcha sobre la hierba, en los cristales de la nieve o en la capa de hielo formada sobre el río. Su estado de ánimo cambia a la par que su hogar, por lo que es efímero aunque siempre ayudan a los perdidos en las tormentas de nieve y se enfurecen con los que rompen el hielo formado en los lagos. Las Damas Verdes de los vientos son transparentes, se dejan llevar por el viento y se alimentan de él, pues él les da hogar y razón de ser. Son el viento, ayudan a las aves migratorias y a las flores en su reproducción. Pueden ser confundidas con mariposas y se percibe su ira en momentos que el aire se calienta hasta incendiar bosques y praderas.

La Dama Verde más conocida es la de Caerphilly, que toma la forma de la hiedra cuando no anda por los castillos en ruinas. Si lo desea, puede dejarse ver, pero por lo general solo se percibirá su rostro, rodeado de las verdes hojas de la enredadera o la hiedra que la alberga y oculta.

 

 

 LEYENDA SOBRE LA DAMA VERDE PARA LOS MÁS PEQUEÑOS
Cuando por fin dimos con él después de una semana de búsqueda, lo que encontramos fue un hombre deshecho por el cansancio y el hambre, consumido hasta los huesos y completamente loco. Nadie comprendió nunca que él, que conocía a la perfección el bosque, se hubiera podido perder en un paraje tan cercano a su casa. Parecía increíble que no nos reconociera a ninguno. No pudimos sacarle una sola palabra con sentido. Una y otra vez nos hablaba de la hermosa dama del bosque, de su traje verde y de sus ojos misteriosos, a la que había estado persiguiendo día y noche sin poder alcanzarla. Según él, la criatura más bella y adorable que jamás había visto. Aquello me recordó las viejas leyendas olvidadas del pueblo, que cuentan la historia de unas damas vestidas de verde que se divierten enamorando a los hombres y haciéndoles sufrir por capricho. Pero nada dije a los otros para que no me tomaran a mí también por loco, ni siquiera cuando de regreso al pueblo, en el carro, él nos iba diciendo que ella estaba a nuestro lado y yo veía cómo la hierba se movía aunque no corriera el viento.
Leyendas de Hadas, Alejandra Ramírez Zarzuela

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