Mis escritos·Sentimientos

¿Qué es el amor?

Anastasia_and_Dimitri's_kiss

Hoy alguien me preguntó: “¿qué se siente al estar enamorado?” y en un momento no supe cómo explicarlo. Tuve que ponerme a recordar la vez que más amé en toda mi vida y tratar de describirlo y así, sin saber cómo, empecé a explicarle que al estar enamorado sientes que la otra persona lo es todo, que podrías lanzarte desde un acantilado de su mano con la certeza de que a su lado nada malo podría sucederte. Que en un día en el que solo quieres llorar porque todo te salió fatal, te mira a los ojos y el mundo vuelve a girar con normalidad.

Él me ha mirado con extrañeza y me ha preguntado lleno de dudas si eso no era como estar loco o ser bipolar y no pude evitar darle la razón en cierto modo. Sea como sea, le dije, es lo mejor que hay y cuando se pierde… cuando se acaba… tu corazón se rompe en más pedazos de los que creías que pudieran existir y sabes que, aunque se recomponga, un pedacito de él se habrá extraviado para siempre y dolerá eternamente.

“Pero, eso es lo mismo que se puede llegar a sentir por tus familiares, ¿no?”, ha querido saber. Y, en cierto modo, tenía razón. Pero, si no lo ha sentido nunca, ¿cómo explicarle a una persona que nunca ha amado lo que es el sentimiento más puro y maravillso? Pensé que quizá lo mejor fuese hablarle de los chinos y su leyenda sobre por qué la alianza se pone en el dedo anular. En este país se considera que los pulgares representan a los padres, los índices a tus hermanos y amigos, el dedo corazón te representa a ti mismo, el dedo anular a tu pareja y el meñique a los hijos.

Le hice juntar sus manos, palma con palma, después unir los dedos corazón de forma que quedasen nudillo con nudillo axial y los demás dedos unidos por la yema como se muestra en la imagen…

leyenda

Le pedí que tratara de separar de forma paralela los pulgares, que son los que representan a los padres. Así pudo apreciar que se abrían sin dificultad porque los padres no están destinados a vivir toda nuestra vida con nosotros.

Luego pasamos a experimentar la misma separación conlos dedos índices, aquellos que represenan a los hermanos y amigos. Estos también se abrían pero quizá no tanto pues ellos también suelen irse, teniendo diferentes caminos y destinos a los nuestros como formar su propia familia.

Pasamos a los dedos meñiques, los hijos, que también se abren porque nuestros hijos crecen y cuando ya no nos necesitan, formando su propio hogar y su propia familia.

Y llegamos a los anulares, representando nuestra pareja. Se sorprendió al ver que no se podían separar. Entonces le dije que eso sucedía porque la pareja es la que permanecerá unida hasta nuestro último suspiro y por eso el anillo que nos compromete con ella debe ir ahí.

“Es por esto que, aunque el amor acabe, jamás se alejará de tu corazón”, agregué finalmente.

Vi un peculiar brillo en su mirada, como si me hubiera comprendido al fin, seguía mirando sus dedos unidos, repitiendo una y otra vez el experimento trantando, sin éxito, de separar los anulares. Entonces, me miró y dijo: “es como los japoneses que creen que un hilo rojo nos une a la persona a la que estamos destinados, ¿verdad?”.

Sonreí viendo que conocía las tradiciones y creencias de otros países y le conté que en Grecia se creía que antiguamente, los humanos teíamos cuatro brazos, cuatro piernas, dos cabezas, pero solo un corazón y éramos los seres más perfectos del mundo, amándonos como nunca antes se había amado. Zeus, celoso de aquella unión tan especial de los humanos, lanzó sus rayos separando a estos seres, dejándolos solo con dos piernas, dos brazos, una cabeza y medio corazón. Y desde ese momento, esos seres iban buscando a su medio corazón para volver a sentirse completos y quizá por eso, cuando vemos a alguien por primera vez, sentimos que ya la conocíamos de antes.

Tras meditar unos instantes, totalmente convencido me dijo que el amor no existía, solo la atracción física… ¡qué frívolo me sonó aquello! Pero pronto supe por qué opinaba así cuando me dijo: “y si existe, ¿por qué yo nunca lo he sentido?”. Tuve que explicarle que aquellos que no profundizan más y se quedan solo con la primera impresión visual, sin buscar una conexión más íntima, jamás lo sentirán y al final, solo pude recomendarle que rezara para no llegar nunca a enamorarse pues el amor también es dolor. “No tengo que rezar, si veo que me pasa, me alejaré corriendo”, dijo seguro de sí mismo. ¡Qué gracioso!, quise decirle. ¡Como si no lo hubíeramos intentado todos alguna vez! Pero el amor sabe atraparnos como la araña atrapa a la mosca en su red…

Creo que se ha ido quizá con más dudas que con las que llegó y a mí me ha dejado recordando a todos esos pedacitos de mi corazón que fui dejando en el camino de la vida, esos que estaban al otro lado de mi hilo rojo teniendo parte de la mitad del corazón que Zeus nos partió al separarnos… A todos ellos, gracias por lo que sentí estando a vuestro lado.

9 de abril de 2013

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s