La (Triple) Diosa

La noche del 24 de octubre escribí una reflexión sobre la Triple Diosa y, junto con un comentario de Dandelion, decidí que me tocaba extenderme un poco más.

Querida Triple Diosa: 

 
¿Te acuerdas de mí? Yo aún te recuerdo en ocasiones aunque ya no te rinda culto. ¿Recuerdas aquel ejercicio que me hizo Janet cuando nos conocimos en persona? Me hizo buscar una deidad femenina que fuera doncella-madre-anciana en cualquier cultura. Después de unos días, le dije que no daba con ninguna. “Porque no hay, cariño… fue un invento” esa revelación fue la que me hizo dar el paso de dejar la Wicca y centrarme en la brujería. Hay muchas diosas triples (Brighid y Hecate, por ejemplo) pero ninguna pasa por esos tres aspectos. 
 

Cuando vio mi libro de La Biblia de las Brujas, me explicó que ya no casaba con gran parte de lo escrito allí. Que era joven e influenciable. Conocer su práctica y creencia actual y aprenderla directamente de ella y de Gavin fue su mejor regalo para mí. Ahora me gusta enseñar lo que aprendí de ella a CUALQUIERA que esté interesado y dispuesto a escuchar como yo hice hace seis años con ella. Escucharla hablar, a veces a modo teórico, otras como quien narra una leyenda, fue una experiencia que nunca olvidaré. Y con esto no digo que la Wicca sea un camino falso o menos válido. Solo explico por qué ya no es MI camino. Pero lo fue durante más de diez años. Solo espero que la mujer que ahora cuida de esta estatua, te esté venerando con el mismo amor y respeto que lo hice yo en su día.

2011 fue un año de cambios para mí. Adquirí una nueva vivienda, mi círculo de amistades había cambiado y gracias al curso con Janet y Gavin y a todo lo aprendido allí con ellos, mi manera de practicar mi espiritualidad dio un giro de 180º. De repente ya no me sentía cómoda con rituales que antes llevaba a cabo como por ejemplo el cierre y la apertura del círculo. Pero el mayor cambio que hubo en mí fue la manera en que comencé a ver a los dioses. Yo ya era de la creencia de que todos venimos de algo superior del cual desconocemos todo en absoluto y que en nuestra necesidad de poder tener algo a lo que dar gracias o culpar de algo, terminamos poniendo nombres y aspectos. En mi más tierna infancia la Virgen María era lo más importante para mí y a los seis años descubrí a Athena. Aún era demasiado pequeña para rendir culto por mi cuenta a ninguna deidad que no fuera la establecida por el catolicismo arraigado en mi familia pero Ella y Poseidon empezaron a formar parte importante en mi vida. Y a los diez años llegó mi obsesión con la luna. Coleccionaba fotos que hacía de ella con mi cámara y llevaba a revelar —incluso un amigo de México me enviaba fotos de la luna en sus cartas. Me gustaba observarla en todas sus formas. Cuando estaba en menguante, decía que me sonreía pero era en su plenitud cuando me quedaba ensimismada. Era una apasionada de la astronomía y la mitología. Pronto conocí el panteón griego al completo y el celta. Mi curiosidad no tenía límites y absorbía todo lo que leía al tiempo que coleccionaba velas e inciensos, abrazaba árboles y le contaba mi vida a la luna.

Y un día apareció la palabra mágica: Wicca. Con una Diosa que tenía tres aspectos que se correspondían con tres fases de la luna. ¡Aquello era lo que yo buscaba! Claro que me fallaba el cuarto aspecto, la luna nueva que más tarde sabría que es un aspecto de la deidad que debe tratarse con cuidado y quizá por eso rara vez se le hacía mención. Desde entonces hasta mi encuentro con Janet, la Triple Diosa era perfecta para mí. Pero, al descubrir que era una deidad “nueva” —no olvidemos que la wicca vio la luz alrededor de los años 60— algo en mí cambió. No la hacía menos válida, sería echar tierra sobre todo lo que había creído hasta la fecha. Como ya he dicho antes, yo ya pensaba que las deidades eran inventos de la mente humana y quizá el que Ella fuera uno tan reciente me hizo plantearme las cosas. Regresé a estudiar más a fondo los orígenes de la wicca, centrándome más en la historia previa a Gerald Gardner, donde hablan de la diosa de la fertilidad. Una deidad que se encargaba de hacer prosperar la vida de humanos, animales y vegetales: una Madre. Así pues, dejé de lado a la Triple Diosa para rendir culto a la Gran Madre, diosa de la fertilidad, las aguas, la tierra y la luna entre muchos otros campos que abarca.

Siendo prácticos y mirando a la vida nos sería imposible ver en una sola persona los tres aspectos que se asignan a la Triple Diosa porque crecemos y esas personas con nosotros. Por ejemplo: mi amiga de la infancia y yo hemos sido doncellas y madres y llegaremos juntas a ancianas pero AHORA ella para mí solo representa el aspecto de madre y el recuerdo de la doncella que fue y conocí en párvulos. Cuando necesitamos ayuda en diferentes ámbitos de la vida, sabemos que hay que recurrir a personas con experiencia en ellos, no a una única esperando que conozca absolutamente todo. Por lo tanto, ¿no sería más lógico tener tres deidades, una para cada etapa de la vida? Hay muchas Diosas vírgenes/doncellas, madres y ancianas e incluso Diosas oscuras. Todo esto genera cambios en el resto de creencias y prácticas, sobre todo, en las festividades, a las cuales yo cambié el nombre y el enfoque que les daba.

 

La wicca muestra una diosa doncella que pasa a una edad fértil en la que se une al dios y queda embarazada, después en su estado de anciana, ve morir a su cónyuge para que este renazca posteriormente de ella. Esto explica la mitología de los Sabbats dentro de la wicca. Pero los equinoccios y solsticios tienen una celebración más antigua a estos mitos modernos: la cosecha y los cambios estacionales. Pero, ¿y si diéramos de lado estos aspectos de la diosa? ¿Cómo quedarían las festividades? Cuando se conocen en profundidad las festividades y todo lo que en ellas se celebra, es fácil excluir un único elemento —el mito de la diosa triple y el dios—, siguen quedando muchas cosas que celebrar y con un carácter más mundano y centrado en conectar con la naturaleza y el entorno que un mito de una Diosa y su consorte siendo los únicos protagonistas de todo. Esta manera de celebrar nos hace estar más conectados a los cambios que suceden a nuestro alrededor y dentro de la naturaleza, dando de lado la mitología y regresando a una creencia más práctica y primitiva.

No he dejado de adorar dioses, de hecho, tengo en mi altar permanente al Dios de la caza y de lo salvaje y a la Diosa de la luna y la fertilidad y también tengo un altar a Hécate, otro a Danu y otro a Athena y Poseidon. Aunque el que más utilizo y al que más recurro es al primero, en el cual celebro festividades y lunas llenas y es donde dejo ofrendas diarias. El de Hécate lo tengo cuidado siempre pero está para rendirle culto en sus noches sagradas, el de Athena y Poseidon es para honrar a las deidades con las que comencé, a las que yo considero que les debo el estar donde estoy ahora porque ellas me “despertaron“. Y Danu es un reflejo de mi pasión por Irlanda y la cultura celta. Una amiga mía tiene a todos los dioses en un mismo altar y yo llegué a plantearme eso mismo. Estás rindiendo culto a todos ellos cuando estás ante el altar pero, en determinados momentos, según el interés, necesidad o festejo, te centras más en uno u otro. Pero, en su caso, todos son de un mismo panteón y se puede decir que tiene su lógica. En mi caso, sería mezclar panteones y hay quien no lo ve correcto. Para mí no sería menor problema —excepto por el espacio que eso requeriría— ya que considero todas las deidades diferentes aspectos de un ente superior que lo abarca todo. Incluso sé que podría trabajar sin deidades, solo con una vela que represente a ese todo pero, admitámoslo, la mente trabaja mejor con arquetipos.

Con todo esto no digo que la Triple Diosa wicana sea menos válida que cualquier otra deidad, de hecho, yo le guardo especial cariño. Cada cual es libre de dedicarse a la deidad o deidades con las que sienta mayor afinidad. A fin de cuentas, nuestra espiritualidad es nuestra y no deberíamos tener que rendir cuentas a nadie de a quién dirigimos nuestras oraciones. Simplemente he querido contaros cómo he ido evolucionando con el paso de los años y mi propia experiencia. Ahora estoy a gusto con una Gran Madre y un Gran Padre a los que doto de la misma importancia porque ambos rigen por igual los ciclos de la naturaleza y porque ambos son dos caras de un mismo todo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s