Juvenil·Reseñas

La escalera prohibida

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¡Hola, a todos!
Hoy os traigo una nueva reseña y la promesa de que tengo intención de volver a publicar relatos en el blog de nuevo.

Autora: Padma Venkatraman
Género: Juvenil
Fecha de publicación: 2009
Editorial: Viceversa
ISBN: 97884928119072
Vidya es una adolescente que vive en la India en plena Segunda Guerra Mundial. Su padre, médico, dirige su casa tratando a sus hijos por igual, incluso permitiendo a su hija acceder a estudios universitarios. Sin embargo, todos los planes de Vidya cambiarán cuando su padre sufra un ataque que lo deje con el cerebro totalmente atrofiado, obligándoles a mudarse a casa de su abuelo paterna, con sus tíos, tías y primas. Allí, las mujeres y los hombres viven en pisos separados y solo se reúnen a la hora de las comidas, cuando las mujeres sirven el alimento a los hombres, y en festividades hindús. El sueño de Vidya de ser una mujer independiente se verá truncado en una casa donde las mujeres existen solo para servir a los hombres, casarse y concebir y donde una escalera las separa de ellos, rebajándolas a seres inferiores.

La historia de Vidya nos viene narrada en primera persona por su protagonista, quien nos hace conocedores de sus sentimientos y preocupaciones, así como de su mentalidad y su opinión respecto a la guerra en la que está ambientada la obra. La novela no solo habla de las situaciones cotidianas de la protagonista sino que también nos describe las costumbres indias, explicando en todo momento su significado para sus seguidores. Descubrimos las diferentes mentalidades existentes en un mismo país e incluso, en una misma familia. La autora hace mención en una nota final de la relación de los personajes ficticios con miembros reales de su familia, esto, junto con detalles de datos históricos de la época en la que está ambientado el libro, otorga a la historia una mayor veracidad.

Los capítulos son breves, lo cual, unido a la sencillez de la pluma de la autora, convierten la obra en una lectura fácil y rápida que introduce a los adolescentes en un mundo y una cultura que desconocen. Su estructura cronológica hacen que la historia sea fácil de comprender siendo quizá la gran cantidad de palabras en hindú lo que más dificulte el entendimiento total de algún texto pero, aunque algunas palabras se nos escapen, esto no impide que se disfrute de la totalidad de la obra, llena de hermosas comparaciones y metáforas.

La portada nos muestra una muchacha hindú, con alhajas y ropajes típicos de la India, con la mirada gacha, como obligan a hacer a algunas mujeres como muestra de su sumisión y respeto a los hombres. La edición es cuidada y elegante, con unos pequeños mandalas adornando los títulos de los cuarenta y un capítulos que componen la obra. Es notoria la diferencia de la Vidya que escribe el prólogo de agosto de 1941 a la que escribe una carta como epílogo en agosto 1942, mostrándonos en las páginas que hay entre medio de ambos lo que doce meses pueden hacer a una persona y a su entorno.

Una lectura que nos transporta a otra época y cultura.

citas

☙ —No, supopngo que no —dijo lentamente—. Pero tampoco creo que tenga derecho a decirle a nadie lo que tiene que pensar. Ni siquiera a mis propios hijos.

Kitta interrumpió.

—Además, en el hinduismo no hay un conjunto de reglas que establezcan lo que está bien y lo que está mal, como los cristianos tienen los diez mandamientos y los musulmanes el Corán, ¿verdad?

Appa sonrió.

—¿Cómo podríamos tener un solo libro de reglas si para nosotros cada espíritu compasivo es un avatar, una encarnación de ese mismo Dios?.❧

☙ “Cualquiera que sea la manera que tenga la gente de acercarse a mí, yo la bendigo y la amo. Ya que son muchos los caminos de la adoración y todos acaban en mí”.

[…] Era mi oración hindú favorita porque me decía que aunque Rifka y yo nombrábamos a Dios con nombres diferentes, rezábamos al mismo Ser. ❧

☙ —Se creen que somos unos cobardes, porque aguantamos sus insultos y nos ponemos a sus pies como felpudos —argüí—. No nos respetan porque callamos. Esa niña me miró como si yo fuera una cucaracha que quisiera aplastar.

—¿Y yo debería haber levantado mi mano contra ella? […] ¿Contra una niña que todavía no puede pensar por sí misma?

—Podías haber dicho algo a sus estúpidos padres.

—¿Ponerme a su nivel? ¿Llamarles termitas blancas? ¿Eso es lo que te hubiera gustado que hiciera? […] Dignidad, Vidya. Eso es lo que hay que tener. ¿No conoces el proverbio tail?: “Porque un perro ladre al sol, éste no dejará de brillar” ❧

☙ Appa era fuerte. Era alto. Hubiera podido derribar al oficial a caballo, lanzarlo al suelo y pisotearlo. Pero no lo hizo.

Vi cómo el brazo de aquel oficial de pelo rizado amarillo se abatía una y otra vez sobre la cabeza de mi padre, sobre su cuello, sobre su espalda.

La sangre de appa —brillante, enfurecida, fresca y roja— empezó a empapar su ligera kurta de Lucknow. No era una mancha herrumbrosa y seca de la sangre de otro. Entonces el lathi volvió a golpear el cráneo de appa con un sonido parecido a cuando el sacerdote abre un coco en el templo; el sonido del sacrificio final de mi padre. ❧

☙ —¡Pero venga! Tú sabes que quieres casarte conmigo. Te dejaré estudiar. Eso ya lo sabes.

[…]

—¿Permitirme que estudie? —dije muy irritada—. Ése es el problema, ¿no te das cuenta? ¿Quién eres tú para darme permiso para estudiar? ¿Quién eres tú para dejarme hacer lo que yo quiero?

Se agitó levemente.

—No me daba cuenta —murmuró.

—No, no te dabas cuenta, ¿verdad? Te has comportado como si al convertirme en tu esposa te fuera a pertenecer. Ya has empezado.

—Quizá tengas razón —dijo—. Necesito cambiar. Tú podrías ayudarme a cambiar.

—No a menos que me trates como a una igual —comenté.

—Lo haría —suplicó,

—¿Lo harías?

—Sí —dijo escuetamente—. Lo intentaría. […] Pensaba que quizá me amabas.

—Yo también lo pensaba —dije—, hasta que fuiste a preguntarle a otra persona algo tan importante. Si fuera tu esposa, ¿me consultarías las decisiones importantes o le pedirías opinión a mi abuelo? Creo que en realidad no sé quién eres. ❧

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