Diario·Mis escritos

¡Regreso!

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¡Hola a todos!

Sé que me he ausentado unos meses y quisiera disculparme ante vosotros. La verdad es que el verano con los niños de vacaciones es muy mala época y después ha habido una serie de acontecimientos que me han ido complicando la existencia. Os puedo hacer un pequeño resumen.

Este año mi hijo mayor, de quince años, ha empezado una FP Básica en un instituto público y por una serie de problemas burocráticos, estuvo sin matricular unas semanas, tiempo que el centro aprovechaba para llamarnos para que lo fuéramos a recoger a la mínima excusa a modo de expulsión —todo esto sin darnos ningún documento que acreditase tal expulsión. Finalmente, todo se ha solucionado y este mes estamos por fin más tranquilos.

Por otra parte, mi chico empezó a trabajar en una empresa de mensajería donde se pasaba todo el día fuera, con mucho estrés y poco tiempo libre para sí mismo, lo que le llevó a crisis de ansiedad, disgustos y, finalmente, decidir dejar el empleo. Todo esto coincidió con la operación de mi suegro a quien le habían encontrado un tumor en el colon que no pintaba nada bien. Además, durante la operación, encontraron unas sombras en un riñón por lo que las preocupaciones seguían apareciendo. Por suerte, al final, todo ha acabado bien, no ha necesitado ni quimoterapia ni radioterapia y ya le han dado el alta. Nos quedan las pruebas que le harán en febrero para reconocer aquellas sombras del riñón, que si esperan tanto, queremos creer porque no les preocupa en exceso.

El mes pasado mi hija se hizo un esguince y en urgencias le vendaron el tobillo y le recomendaron no apoyar el pie en tres días. Me pareció poco y lo alargué a cinco con la venda y sin apoyar. Al quitarle el vendaje, seguía doliéndole aunque decía que era más molestia que dolor. Últimamente volvía a quejarse mucho del tobillo y anoche volvimos a urgencias: sigue con un esguince y esta vez e recomiendan no apoyar en dos semanas. Y, por último, hoy han ingresado a mi suegra porque mañana a la mañana la operan de la rodilla… ¡y hace mes y medio mi madre se cayó haciendo senderismo y tuvieron que operarle el brazo! Ahora necesita quince sesiones de rehabilitación.

Para más inri, el mes pasado mi ex se vino a vivir a nuestra casa porque le ofrecieron trabajo aquí en Valencia y como paga la hipoteca y la mitad del piso es suya, no podía negarme. La verdad es que surgen momentos tensos, ocasiones donde si pudiera le diría mil burradas pero, he aprendido a callarme y además, su estancia en casa ha conseguido que mis hijos vean cómo es: va del trabajo a su dormitorio —desayuna, come y cena allí frente al ordenador viendo series— y no se relaciona con nadie excepto una vez por semana que le hago cenar con todos. Mi hijo dice que no quiere tener una vida así y esto ha hecho que su actitud cambie mucho en este mes. Está más colaborador y comunicativo y se puede razonar con él cuando necesitas hacerle saber algo, lo cual, teniendo en cuenta que es un adolescente, es de agradecer.

Ayer también mi chico firmó un contrato con SAV y hoy empezó a trabajar. Son 36 horas semanales, seis horas al día con un horario que le deja la mañana disponible para dibujar o disfrutar de sus hobbies y llega a tiempo para que cenemos todos juntos. No es un trabajo “esclavo” como lo fue en Tipsa donde además tuvo que soportar insultos, malas palabras, vejaciones… ¡y no cobrar! El sueldo es menor pero merece la pena si le tratan con respeto y le tengo también conmigo en casa en lugar del autómata dolorido que era cuando salía del otro empleo. Debemos trabajar para vivir, no vivir para trabajar. Es algo que le dije y que siempre mantengo. Trabajos hay millones, vidas… aunque creo en la reencarnación, por si acaso me equivoco, mejor vivirla bien y lo más dignamente posible. Vivamos para ser esclavos de nuestra felicidad.

Como podéis ver, estos meses han sido un no parar. Pero, como muchos dicen, sigo manteniendo mi sonrisa. ¿Por qué? Porque he tenido que superar durante años este tipo de adversidades sola, con mis dos hijos como único apoyo y en ocasiones, fingiendo una estabilidad inexistente por ellos y ahora tengo a un hombre conmigo que lucha a mi lado sin rendirse. Que cada vez que sale por la puerta a trabajar solo puedo verle como el héroe que es, dispuesto a librar cualquier batalla por nosotros, su familia.

¡Ah! Y me he teñido el pelo, para poco a poco recuperar mi antiguo pelirrojo porque el día 22 de junio ¡nos vamos de boda a San Sebastián!

He decidido que quiero ser más cercana con mis lectores y escribir de vez en cuando un poquito en esta especie de diario, donde os permitiré conocerme un poco más. Espero no aburriros demasiado…

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