Luna de diciembre. Eliminando estrés

Diciembre es un mes complicado lleno de estrés y agobios porque hay que organizar comidas familiares, reuniones de amigos y buscar los regalos para nuestros seres queridos. Y, aunque es una época preciosa, todo esto, sumándole la gran cantidad de gente por las calles, las aglomeraciones en establecimientos… terminan haciendo mella en nosotros. Yo soy de darme baños relajantes (mínimo uno a la semana) y, sobre todo, en luna llena. Por eso, creo que la luna de diciembre, la última del año solar, es la mejor para deshacernos de cargas emocionales.
 Podéis adquirir un gel de baño o una mezcla de hierbas que sea de vuestro agrado. Yo uso bombas de baño, el gel Rub Rub Rub, champú Seanik y el acondicionador Big, todo de Lush (estoy enamorada de esta marca). Para conseguir un ambiente más relajante, encended velas y quemad algún incienso o aceite esencial. Llenad la bañera con agua caliente y añadid una cantidad generosa del gel (si no vais a usar bomba de baño). Si usáis bomba, esperad a estar dentro y echadla para concentraros en cómo se disuelve poco a poco. La idea es quitarse las prendas de una en una, desprendiéndose con cada prenda de una preocupación diferente (una prenda=una preocupación). Una vez desnudes, entrad al baño de espuma (o una vez dentro, echar la bomba de baño). A medida que el agua alivia tensiones del cuerpo, recostaos y cerrad los ojos.
Imaginad que flotáis a la deriva por el mar, con la luna acariciándoos la cara. Deslizaos hacia el océano según la tensión va desapareciendo. Percibid la vida que late a vuestro alrededor, en las olas y bajo la superficie, sin dejar que esa actividad interfiera en vuestra paz. Abandonad las preocupaciones diarias y dejadlas en el agua. Al abandonar el baño, aclaráis con agua (preferiblemente fría, para favorecer la circulación sanguínea) y sentíos rejuvenecer mientras el desagüe se lleva todas vuestras preocupaciones. Podéis abandonar el baño agradeciendo a la luna por este momento y podéis generaros una especie de afirmación o mantra tipo: “La calma me invade aunque el caos me rodee”, una frase que sea corta pero os recuerde este pequeño ritual, permitiéndoos regresar a él mentalmente sin importar dónde os encontréis.

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